Puerta ruinosa, puerta obscura,
eres como mi madre,
que me abría los brazos cada vez que volvía.

Yo recuerdo que, cuando se la llevaron muerta,
abriste las dos alas,
como un pájaro triste que se va de la jaula.

El camino en silencio
se tendió como un perro
frente a la antigua reja.

A veces se me ocurre
que alguien viene a buscarme.
Entonces, como nunca, te hallo igual a mi madre.

Me siento en tus umbrales,
como sobre una falda,
y me pongo a llorar para que me consueles.

Puerta ruinosa y triste,
tienes la alas negras, y los ojos obscuros,
y el alma hecha pedazos.

Apriétate a mi cuerpo en un abrazo.
como hacía mi madre
para que no me fuera.
Rubén Azocar Chileno 1911

El Fortín del Estrecho