Ahora un poco de silencio y un poco de tristeza
por aquellos que vinieron a esta parte del mundo.
Aquellos que eran fugitivos de su patria y que no sabían
de la bondad que hicieron pedazos en sus corazones de niños.

¡Dormid, dormid! Y que la losa os sea liviana,
suave como mi esperanza fatigada y extinguida.
El noble sueño de los muertos para el frío de vuestras cabezas,
y que las lluvias se desnuden sobre vosotros, lo mismo que las horas
en el recodo subterráneo de la muerte.
Canto en este momento en que la tarde se está alejando
y algo corta las amarras de la noche sobre las aguas.
La niebla estrecha el horizonte, pero siempre
quedan algunas gaviotas sobre el mar, y aun se distingue
la marea azul y los peñascos acorralados de abandono.

Este mar que ya no siente nada por vuestros hijos,
ni por vuestras madres, ni por la soledad  de todo
lo que os espera en el círculo de la tierra limpia y lejana  
que os vio nacer. Este mar que no es más que la liturgia
de los que están llorando por los que se arrodillan y huyen
a depositar las vértebras de su dolor en el sótano
del sepulcro, este mar, también os canta.
También os ayuda a dormir, obscuros héroes del cansancio,
hombres que hablabais la música de una lengua desconocida  

JACOBO DANKE 1905 Chileno

El Fortín del Estrecho