Luis Caballero, general retirado de la Policía Nacional de Bolivia afirmó con la seguridad del que sabe: -“El 15 % de la producción de coca que produce Bolivia, está destinada a CHILE, desde donde se distribuye al mundo”. Y continuó, Bolivia, dijo -“produce al año más o menos a ojo de buen cubero unas 180 toneladas de coca pura, y unas 27 a 30 toneladas entran hasta Chile por vías no habilitadas. Los centros de alta producción están en Cochabamba, La paz y Santa Cruz. Los puertos chilenos son ideales para los traficantes, gracias al libre transito de las cargas bolivianas por vuestro territorio”.
En estas pocas líneas queda a la vista nuestra indefensión como nación frente a este inconciente y sistemático ataque que tiene a miles de ciudadanos chilenos improductivos, rendidos y prisioneros de esta lacra que sale de Bolivia sin control. Y además del daño directo, hay que sumarle los costos en miles de millones de pesos en fiscalización, atenciones médicas, alimentación y custodia de los traficantes en las cárceles, pago de indemnizaciones a policías heridos en combate, tarea policial que también implica otros riesgos…, sobornos no sólo a policías, el permanente riesgo de convertir a estos servidores públicos en adictos, ya que el consumo tiene presencia en todos los frentes sociales, “incluso en los que hacen campañas en contra…” Lo dijo el comisario Vallejos: “estos colombianizarán Chile”… y lo dieron de baja.
Las noticias que se desprenden de ese ajetreo del corre que te pillo, el descabezamiento de bandas, el desbaratamiento de grupos mafiosos siempre es lo mismo 100 kilos, 10 papelillos, una que otra ánfora, qué es de Bolivia, qué es de Paraguay, qué es del Perú, que su inteligencia estratégica la dirigen de Colombia, que los gringos son los mejores consumidores del mundo…, y la cancioncita se repite con la misma melodía; que el lobo viene, se decía hace tiempo; y ahora, el lobo ya llegó para quedarse.
Entre tanto se hacen convenciones, intercambios y tratados para combatir el flagelo del tráfico… pero todo no es nada más que las buenas intenciones de los discursos y el cierre del los eventos con alegres cócteles de guantes blancos.
Mientras tanto los jóvenes siguen consumiendo a la salida de las universidades, en el patio de los colegios, en el carrete, muchos chóferes consumen para combatir el cansancio, en fin, sólo Dios sabe hasta en dónde…
Y, de este drama se hacen chistes, se comenta en los medios como una gracia, y se le atribuye al acto de consumir droga, a un derecho de libertad individual del derecho humano; es una choreza, mientras tanto quienes no se drogan; con su trabajo pagan los impuestos que aportar para sacarlos de la adicción a unos; y a los otros alimentarlos en la cárcel.
Esto es sabido y archirepetido, pero nuestro análisis y planteamiento es el siguiente y nos preguntarnos, por qué no se considera al trafico de drogas como un atentado contra la seguridad interior de la nación chilena, y se le trata de acuerdo a las leyes de guerra; porque ingresar droga al territorio, visto fríamente, es una forma de ataque a nuestra soberanía, porque los fabricantes de esa basura dicen: “dale caquita a los chilenitos, para que se maten solitos”.
Si le considerase como un ataque, y no como un delito que les permite derechos y regalías, perfectamente podría ser tratado por la justicia militar, porque son enemigos, el trato para los enemigos no considera beneficios: cadena perpetua, aún siendo merecedores de la pena de muerte, esto por consideración a los Derechos Humanos, que los traficantes no respetan, porque son apátridas, por carecer de patria moral.
Se sabe de antemano que el asunto del tráfico sólo es atendido desde el punto sanitario, viéndolo desde el ángulo legal trata lógicamente el bien jurídico protegido, pero sus consecuencias llegan más allá de la arista sanitaria.
Si esta radical medida la adoptaran al mismo tiempo las otras naciones se les cerraría el círculo a los atacantes. Pero, el gran pero, para eso se requiere autoridades de verdad…
Sabemos que esto es un sueño. Los intereses que mueven los tentáculos detrás de la droga son poderosísimos, de altísimas e intocables esferas, que no les importa hacer mierda su patria, tu patria, nuestra patria.
Por qué no disponer en la frontera del norte (para empezar) una red electrónica (láser o satelital) de fiscalización nocturna, equipos de rayos X. en las aduanas, policía militar de frontera, Una cárcel para traficantes donde paguen lo que comen con trabajo, y paguen las indemnizaciones por el daño causado etc. Sabido es el alto costo de estas medidas pero, ¿cuánto vale un joven chileno?
Hace ya mucho tiempo que los políticos no tocan el tema, ni para mentir prometiendo soluciones para los aplausos, cuando son candidatos; después de eso sólo la dieta y la peleas baratas tienen importancia.
Si usted es padre de familia, no permita que la droga le destruya su familia. Y tú muchacho o muchacha, no permitas que los traficantes les atrapen y les destruyan vuestra vida.
TODO POR LA AUTONOMÍA POLÍTICA Y ECONÓMICA DE MAGALLANES

Antonio S. Deza González, Director

El Fortín del Estrecho